Según la RAE:
confianza.(De confiar).1. f. Esperanza firme que se tiene de alguien o algo.
2. f.
Seguridad que alguien tiene en sí mismo.
3. f. Ánimo,
aliento, vigor para obrar.
4. f.
Familiaridad o libertad excesiva. U. m. en pl.7. f. desus.
Pacto o convenio hecho oculta y reservadamente entre dos o más personas,
particularmente si son tratantes o del comercio.
de ~.1. loc. adj. Dicho de una persona: Con quien se tiene
trato íntimo o familiar.
2. loc. adj.
Dicho de una persona: En quien se puede confiar.
3. loc. adj.
Dicho de una cosa: Que posee las cualidades recomendables para el fin a que se
destina.
en ~.1. loc. adv. confiadamente.2. loc. adv.
Con reserva e intimidad
¿Cuánto
de importante es la confianza en el fútbol? Podríamos decir que es algo
vital. La confianza no obstante es
un ente, cobra vida propia sobre un terreno de juego, sobre la grada, sobre
todo un club. Pero también es caprichosa, y como llega, desaparece, como huye,
vuelve.
Si nos
fijamos en la 1ª acepción, esta esperanza se presenta prácticamente en todos
los jugadores, en todos los entrenadores, directivos y aficionados cada verano,
al comienzo de la temporada. Hay que ser muy cenizo para no estar confiado en
las posibilidades de tu club, en no soñar con lograr las mayores gestas
deportivas.
No
obstante, como indica la 2ª acepción, la confianza es la seguridad en uno
mismo. Hay veces que la vida, las situaciones laborales, o en nuestro caso, las
vicisitudes deportivas, ponen a prueba esa seguridad, esa confianza. Desde la
ocasión clara fallada, la falta innecesaria que provoca una expulsión, el penal
fallado… tomar la decisión equivocado en el momento inadecuado es un pasaje al
limbo de nuestra determinación.
Ésta,
como refleja el 3er pto, es reforzada por el apoyo y los ánimos
llegados del exterior, en el caso de los entrenadores y jugadores, podría
emanar de la afición, pero también va íntimamente relacionada con los
resultados. Es un triángulo complicado
con enormes y directos vasos comunicantes entre cada lado repleto de
aristas, desengaños, excesos, adulaciones que refuerzan o minan la seguridad de
cualquiera de ellos.
Destacamos el 4º punto, una concepción negativa, el exceso de confianza, una actitud que
muchas veces muta en apatía, indolencia, y son comportamientos que sobre un
terreno de juego avoca, más tarde o más temprano, a un rendimiento pobre, y a
una más que segura bronca desde la grada.
¿Por
qué hablamos de confianza? Porque la actual situación de la UD Las Palmas, nos aboca a pensar en ella. Al comienzo de la temporada, en las primeras
jornadas, el equipo tuvo varios traspiés que minaron la confianza en todos los
elementos del proyecto, teniendo como epicentro al propio Sergio Lobera.
Nunca
se sabrá, si la confianza en el entrenador hizo que Miguel Ángel Ramírez lo
mantuviera, o la desconfianza en que su destitución mejorara la cosas, por que no tenía la seguridad que los cambios surgieran efectos deseables. ¿Dudó de
sus planteamientos Lobera cuando el equipo estaba lastrado por unos resultados
negativos? ¿Y los jugadores en su desempeño? ¿Y la afición?
Curioso
el caso de la UD Las Palmas. En un momento en que el equipo parecía perdido, la
voluble confianza se reforzó en unos jugadores entorno a un entrenador, en un
afición que, en una actitud reflexiva sin precedentes, se lamentaba y criticaba el trabajo mal realizado,
pero que no caía en la obviedad de pedir la cabeza del entrenador, al
contrario. Demostró un actitud encomiable apoyando a un técnico que no pecaba
en lo evidente, y que a pesar de sus errores, mostraba las actitudes adecuadas
para aprender sobre la marcha lo necesario para enmendar la situación. Y
también, hay que reconocerlo, una afición hastiada de los desvaríos de una
errática dirección deportiva materializada corpóreamente en la figura del
asesor presidencial: Juan Rguez, “Juanito”.
Esta
desconfianza en torno al míster también afectó a la plantilla. Voluble se mostró la seguridad con uno de los jugadores estrella del equipo,
Vitolo. Su exceso de confianza, emanada de la suficiencia que le creó el
interés del Real Madrid en él, y su frustrado traspaso mutó en un pueril enfado
que hizo que su rendimiento mermara. Sin la cuota de sacrificio y compromiso
necesarios su juego fue limitado, y su influencia en el juego nula. Su carente implicación hizo que no desparramara sobre el césped su capacidad
física sobre la que sustenta su técnica. Eso provocó, de forma justa, los pitos
de la grada que no le gustaban ni su divismo ni su falta de implicación en el
proyecto con el que se había comprometido. Y pasó de la excesiva a la nula
confianza, mermando aún más su rendimiento.
Como comentábamos anteriormente la confianza es voluble y transita por los vasos
comunicantes del triángulo que forman afición, profesionales y resultados. Y
todos confluyeron en un punto que se podría llamar "Eliminatoria Copera ante el
Racing de Santander".
El
equipo llegaba a aquella eliminatoria de forma muy mermada. Anímicamente, con
un entorno periodístico que apuntaba el deseo de la Directiva de cambiar de
entrenador, se hablaban de posibles sustitutos, se señalaba a Juanito como
principal valedor del cambio. Se volvieron a poner en duda las capacidades de
una plantilla que, mostraba unas carencias que ya tenían en la pretemporada,
pero que la ilusión de todos tapaba de alguna forma. La afición se mostraba
descontenta y aburrida de un desgaste que no justificaba su aliento, su
inquebrantable fidelidad en un día desapaciblemente tormentoso. Y aún así, 3500
fieles desafiaron a todos los elementos meteorológicos, futbolísticos y
periodísticos para presentarse en un estadio tétricamente vacío para dictar
sentencia: pese a todo se confiaba.
La
confianza viene y va, la confianza tiene vida propia, sí, pero como se escapa y
se destruye, también se genera. Y ese partido, que no fue fácil para ninguno
de los 3 lados del triángulo, supuso un notable punto de inflexión logrado a
base de sufrimiento y sacrificio.
El
resto ya es historia….